No, no me refiero a gente como Iker Casillas o Santiago Cañizares, sino a los singulares personajillos que se apostan cada noche cual matones sicilianos a las entradas de discotecas, pubs y demás locales de ocio nocturno.
Es increible la forma tan arbitraria y a la vez sucia y mezquina que tienen estos personajes de juzgar a la gente. Me parece indigno que cada vez que por motivos del guion tengo que ir a una maldita discoteca tenga que ser revisado de arriba a abajo por las miradas despectivas de estos imbeciles integrales. Y más aún de las estúpidas excusas con las que te impiden el paso:
” Tú no puedes entrar con esa trenza y tu amigo con esa cresta “
A ver gilipollas, cualquier otra noche del año me habrías hecho un favor porque no quiero entrar a tu mierda de discoteca (Sala Mynt, Torre Europa en Madrid) a escuchar ese puto ruido que ni siquiera merece ser calificado como música, ni a beber vuestro garrafón atroz.
Pero no. Esta noche me putea sobremanera que un imbecil con menos estilo vistiendo que Ana Obregón (eso si, armario empotrado) y un andrajoso con melenas me digan a mi, que me he vestido de gala para la ocasión, que no puedo entrar por que llevo una trenza. Quiero entrar a pasarmelo bien en la fiesta que celebran unos compañeros de facultad.
Lo más curioso de estos personajillos es, como antes comenté, su arbitrariedad. Al rato hablas con su superior y ya no sólo te deja entrar, sino que viene a pedirte disculpas. Unas disculpas absurdas, como su criterio ¿En que coño he cambiado para que ahora si pueda entrar y antes no? A cada acción te vuelves más patético chico.
Si es que puedes serlo.